Combinación recomendada
Descripción del producto
El original de esta réplica fue encontrado en Ribchester, Inglaterra, y actualmente se exhibe en el British Museum de Londres.
En el ejército romano, ciertos soldados portaban máscaras larva combinadas con cascos. Aunque son raras las imágenes de soldados romanos con máscaras, se cree que las usaban principalmente oficiales de caballería y abanderados: el Signifer, el Vexillarius, el Imaginifer y el Aquilifer. Si bien las máscaras larva podían ofrecer cierta protección en combate, esa probablemente no era su función principal. Con frecuencia representaban héroes legendarios de la Antigüedad, como Alejandro Magno, en línea con la tradición de las bandas de guerra que glorificaban las hazañas individuales y divinizaban a sus héroes. Fabricadas en hierro o latón, solían platearse para darles mayor brillo. Así, quien las portaba no solo se volvía irreconocible, sino que se convertía en la encarnación de un héroe, un dios o un guerrero mítico.
Este casco de latón representa una batalla entre caballería e infantería. La parte superior desmontable se fijaba al casco con una correa de cuero. Es una pieza exclusivamente decorativa, no apta para su uso.
En todas las culturas indoeuropeas, el caballo ha tenido un papel fundamental. Hace más de 5.000 años, en la estepa Póntico-Caspia, nuestros antepasados —los pastores de la estepa indoeuropea— domesticaron al caballo. De ahí nació su cultura ecuestre: el caballo se convirtió en medio de transporte, aliado en la guerra y apoyo en el campo. No es de extrañar que pronto pasara a formar parte del mundo espiritual de esos pueblos. Creían que el sol cruzaba el cielo tirado por un caballo, y lo asociaban con la fertilidad —tanto humana como de la tierra—. El caballo también simbolizaba la realeza y el vínculo entre la aristocracia gobernante y el territorio que dominaban.
