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Descripción del producto
A finales del siglo XV, a partir del almete y versiones posteriores de la celada, surgió el yelmo cerrado, un tipo de casco que se asemeja mucho al almete. Desde sus inicios hasta principios del siglo XVII, se convirtió en símbolo de la aristocracia europea. Lo usaban coraceros fuertemente armados con espada ropera y pistolas de rueda, y también aparecía en retratos de estado y torneos. Al igual que el almete, el yelmo cerrado rodeaba completamente la cabeza.
Aunque exteriormente se parecía mucho al almete, su mecanismo de apertura era completamente distinto. Ambos seguían los contornos de la cabeza y el cuello, y se estrechaban en la garganta, lo que exigía un sistema para abrirlos y cerrarlos. El almete se abría lateralmente mediante dos grandes piezas de mejilla con bisagras; el yelmo cerrado, en cambio, se abría verticalmente gracias a un barbote giratorio integrado, alineado con los mismos puntos de giro que la visera. Las partes móviles se bloqueaban con pestillos giratorios que encajaban en soportes perforados, o con pasadores de resorte. El barbote, además, solía mantenerse cerrado con un cinturón.
A principios del siglo XVI, bajo los Tudor, surgió en Inglaterra un nuevo estilo de armadura que influiría en toda Europa. Enrique VIII reunió armeros especializados de Francia, Italia y el Sacro Imperio Romano para trabajar juntos. El resultado fue el estilo Greenwich: armaduras a veces ricamente decoradas que seguían las formas del cuerpo y la ropa de la época. Corazas y escarcelas imitaban la moda textil del momento.
Para proteger la cabeza se usaban yelmos completos y, más tarde, burgonetas, a veces adornadas con viseras grotescas para desfiles y fiestas. Los cascos abiertos, como el capacete o el morrión, también ganaron mucha popularidad. En el siglo XVII, este estilo se extendió por las armaduras de toda Europa.
Los yelmos cerrados de estilo Greenwich se reconocen por su visera orientada hacia arriba en forma de proa de barco. Eran muy apreciados por la aristocracia europea y, en ocasiones, lucían decoraciones extremadamente lujosas. El penacho de este casco retoma el estilo all'antica, surgido en Italia durante la primera mitad del siglo XVI. El Renacimiento trajo consigo un renovado interés por la antigüedad clásica, y eso se reflejó en el desarrollo de las armaduras de placas: la cresta de acero imitaba las crestas estilizadas de los cascos de los legionarios romanos, permitiendo al portador asociarse con ese glorioso pasado.
Este casco es ideal para recreación de combate ligero. Su interior ennegrecido incluye forro y una correa de barbilla ajustable. Cubre cabeza y cuello para una protección completa. Úsalo también en disfraces y recreaciones del siglo XVI.
